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“Caos y orden en el sistema mundial”[1] a propósito del libro de Giovanni Arrighi y Beverly Silver.


Los libros sobre Geopolítica y Geohistoria ofrecen una mirada general sobre las relaciones entre los Estados, el capital y las personas a lo largo de la historia que no podemos dejar de lado. Este es el caso del libro “Caos y orden en el sistema mundial”. El trabajo comienza planteando algunas ideas sugestivas sobre el final de la Guerra Fría, ¿quién la ganó?, ¿cómo ha incidido en la situación de la gente en particular los sectores trabajadores? La realidad es que cada vez se duda más que algún Estado haya triunfado en esa guerra. Parece todo lo contrario, los triunfadores fueron los grandes capitales o las grandes empresas.[2] Luego comienza un recorrido de diferentes posturas. Algunos autores no están de acuerdo con esto, por el contrario las relaciones entre Estado y capitales se ha mantenido a lo largo de los siglos. Sostenedor de esa opinión es Wallerstein para quien los Fugger en el siglo XVI y los fabricantes de Manchester, en el XIX mantuvieron una relación similar con el Estado.  Otros autores, entre los que se puede situar a Charles Tilly sostienen que la globalización ha generado un retroceso en la situación de los trabajadores. Las sucesivas oleadas de globalización, en el siglo XIII, XVI, XIX y XX, particularmente la última han debilitado a los Estados y éstos aseguraban los derechos de los trabajadores, el creciente poder de corporaciones trasnacionales ha precarizado la situación de los individuos. Otros autores como Zolberg proponen que luego de la segunda guerra los beneficios para los sectores trabajadores fueron creciendo y desarrollándose por lo menos hasta 1970. La pregunta que se plantean los autores del libro es ¿qué sucederá en este contexto de laissez-faire respecto de los sectores trabajadores? Ésta es una pregunta que deberemos debatir, la respuesta es incierta máxime en un contexto en el que el trabajo humano está en retroceso. Pero esto parece no estar en la agenda cotidiana de países como los nuestros en Latinoamérica.
Continuando con el libro, Arrighi aborda en una de sus secciones el análisis y evolución de la hegemonía en tiempos modernos, especialmente desde el siglo XVI hasta la primera guerra, período en el que sobresalen dos potencias, Holanda y el Imperio Británico. A partir de 1648 con el tratado de Westfalia los holandeses lograron primacía comercial. Los holandeses se enfrentaron a la supremacía de los españoles, Estado territorial basado en el control monopolista de recursos extraeuropeos (plata americana). Los holandeses llevaron la guerra a los mares, allí estaba su especialidad y su monopolio:
“Se utilizaron ventajosamente dones históricos y geográficos complementados en su debido momento con el virtuosísimo tecnológico en la construcción de barcos. Sierras mecánicas, grúas para los mástiles, piezas de repuesto intercambiables y otro instrumental “de alta tecnología” permitieron a los astilleros holandeses producir más masivamente con menores costes y con más rapidez que los de cualquier potencia rival.”[3]
¿Dónde residía la clave del poder holandés?, Arrighi es contundente y claro:
La rentabilidad del comercio holandés quedó determinada por dos circunstancias principales. Una de ellas fue la propia intensidad de la lucha por el poder en Europa: cuanto más intensa se hacía ésta por tierra y por mar, ceteris paribus[4], mayor era la demanda del grano y los pertrechos navales del Báltico que los holandeses monopolizaban, y mayores los beneficios que ese monopolio les proporcionaba.”[5]
Los Habsburgo cuanto más intentaban utilizar sus recursos americanos, más enriquecían a sus adversarios holandeses. Adversarios que a diferencias de los grandes Estados territoriales no contaban con esa variable y constituían más que un Estado una organización económica con escasa base territorial. Algunos autores, comenta Arrighi han situado a Holanda como una ciudad con vocación imperialista, igual a sus antecesoras, Venecia y Génova. Por esto era cuestión de tiempo para que un Estado con mayor peso la sustituyera en ese dominio del sistema-mundo, ese Estado fue Gran Bretaña. Esto fue progresivo y tuvo cuatro fases, la primera durante el siglo XVII, tuvo lugar con la asociación militar entre Holanda y Gran Bretaña. La segunda a partir de la guerra de sucesión española (1701.1713). La tercera a partir de las luchas entre Estados europeos en el siglo XVIII propiamente dicho. Finalmente a fines del XVIII y principios del XIX la hegemonía holandesa ha quedado superada. Holanda, apremiada por Francia en especial desde los intentos de sometimiento por parte de Luis XIV, se alió con los británicos, era su opción. Los británicos requerían del dinero holandés para financiar su expansión. Pero eso fue terminando cuando los británicos lograron asegurar su dominio sobre India:
Una vez que el ‘león inglés’ había puesto sus zarpas sobre las riquezas de India, los días del ‘gato holandés’ estaban contados. Desde aquel momento solo los ‘animales de presa’ tendrían peso en la lucha por el poder en Europa”.[6]
La metáfora de los animales, utilizada por un analista de aquellos tiempos, muestra que el poder holandés llegó a sus límites. Los británicos consolidaron su dominio desde la batalla de Trafalgar en 1805. Por 100 años los británicos lograron establecer una Pax duradera en Europa con el reverso de varias guerras coloniales. Los británicos tuvieron la peculiaridad de ejercer un dominio económico sin igual:
… en el siglo XIX el conjunto del sistema se desplazó hacia el dominio global bajo el liderazgo de otra agencia, el Reino Unido, que no era un mero Estado nacional, sino por el contrario una organización imperial cuyos dominios territoriales  y reales de poder abarcaban el mundo entero. Bajo el caparazón de esa organización imperial, la industrialización revolucionó  la logística de construcción del Estado y la organización de la guerra, creando las condiciones para el surgimiento en el siglo XX de Estados de tamaño continental en los flancos orientales y occidental de Europa. Estados Unidos y la URSS dejaron chicos a los típicos Estados nacionales del núcleo europeo.”[7]
El comercio británico basó su supremacía en los dones de la revolución industrial. La transición hacia la hegemonía estadounidense se produjo  lentamente, la primera fase comenzó luego de la Gran Depresión de 1873-1893:
En el transcurso de ésta se intensificó la rivalidad entre las grandes potencias, emergieron complejos militar-industriales demasiado poderosos para que Gran Bretaña pudiera controlarlos mediante su política tradicional de equilibrio de poderes”[8]
El punto culmine fue la Primera Guerra Mundial, a partir de este hecho se desestructuró el orden del siglo XIX.  



[1] ARRIGHI, Giovanni, SILVER, Beverly. “Caos y orden en el sistema-mundo”. Minnesota: Akal, 1999.
[2] Ibíd., p. 15.
[3] Ibíd., p. 48.
[4] Se mantiene constante.
[5] ARRIGHI, Giovanni, SILVER, Beverly. “Caos y orden en el sistema-mundo”, op. Cit., p. 48.
[6] Ibíd., p. 63.
[7] Ibíd., p. 45.
[8] Ibíd., p. 74. 

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